La obra: “Sabores del mundo, Cocina de Georgia, calidez y amistad en cada plato” fue declarada de: “Interés de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para la Comunicación Social”. El evento realizado en el “Salón Montevideo” del Palacio Legislativo, reunió a autoridades nacionales, provinciales y legislativas, miembros del cuerpo diplomático acreditado, a la comunidad georgiana e invitados, en un encuentro que celebró los lazos históricos entre ambos países.
La diputada Sandra Rey, impulsora del proyecto, abrió la jornada y destacó la importancia de visibilizar culturas milenarias a través de sus tradiciones culinarias. Tras su intervención, tomó la palabra el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Georgia en Argentina, Gvaram Khandamishvili, quien agradeció el respaldo de la Legislatura y de la Subsecretaría de Relaciones Internacionales. También reconoció el trabajo de One Minetta Media S.A. por la realización y publicación del libro, y al chef Luis Achucarro por la degustación de platos típicos que acompañó la presentación.
Georgia y Argentina: valores compartidos
En su discurso, el embajador Khandamishvili subrayó que Georgia y Argentina no solo mantienen una larga historia de amistad y respeto mutuo, sino que comparten formas de ser muy similares en el día a día. “Nos parecemos en las costumbres, en los hábitos y fundamentalmente compartimos los mismos valores: el amor infinito y compromiso incondicional con nuestras patrias, familias y amigos”, expresó.
Ese vínculo tiene un hito histórico concreto: Argentina fue el primer país del mundo en reconocer oficialmente a la República Democrática de Georgia como Estado libre e independiente, el 15 de septiembre de 1919. Desde el 12 de diciembre de 2022, Khandamishvili encabeza la embajada en Buenos Aires con el objetivo de fortalecer esos lazos y acercar la cultura georgiana a los argentinos, pese a los miles de kilómetros que separan a ambas naciones.
La mesa como institución: el Supra
Uno de los ejes centrales de la presentación fue la hospitalidad, rasgo que el embajador definió como central en la identidad georgiana y “reflejado claramente en su cocina”. Para los georgianos, la mesa no es solo un conjunto de comidas, es un evento comunitario Esa concepción tiene una forma ritualizada que se llama Supra, el tradicional festín georgiano. Se trata de una mesa larga donde se reúnen familia e invitados, donde se expresan el amor de la familia, la amistad, la generosidad y el respeto mutuo. Conducida por el Tamada, una figura que dirige una secuencia de brindis. “Hemos pensado tanto en las mejores formas de expresarnos que creamos toda una institución con su protocolo”, explicó el embajador, con humor, al aclarar que por respeto a las instalaciones de la Legislatura no podrían realizar el Supra completo: “De lo contrario, nunca nos van a volver a dejar usar estas magníficas instalaciones”. De todos modos los presentes tuvieron la posibilidad de degustar una variedad de exquisitos platos de la cocina georgiana.
La cocina de Georgia
Cuna del vino y del pan
El libro también pone en valor el aporte de Georgia a la humanidad. Según evidencias arqueológicas recientes, el país del Cáucaso cuenta con una tradición ininterrumpida de cerca de 8.000 años en el cultivo de la vid y del trigo. Eso lo convierte en el centro de origen más antiguo tanto de la vitivinicultura como de la panificación. A Georgia se le atribuye el descubrimiento de la “bebida sagrada”: el vino. La palabra misma proviene del georgiano ghvino. Su método tradicional de elaboración en vasijas de barro enterradas, conocido como Qvevri, fue declarado “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco”.
La ubicación geográfica estratégica de Georgia, entre Europa y Asia, en un tramo clave de la antigua Ruta de la Seda y sobre las costas del Mar Negro, fue determinante para la formación de una gastronomía que fusiona historia y naturaleza. Cada región, desde las altas montañas del Cáucaso hasta los valles, conserva recetas ancestrales que se transmiten de generación en generación a través de la tradición oral.
Diplomacia gastronómica
La obra se inscribe en una tendencia global que valoriza las cocinas tradicionales como herramientas de entendimiento entre pueblos. Cada plato funciona como una “embajada de la historia y el espíritu georgiano”. Las imágenes que acompañan el libro muestran paisajes, belleza cultural y costumbres, promoviendo el reconocimiento de la diversidad y el diálogo intercultural. “La comida es un puente entre las personas. Las diversas cocinas funcionan como espacios de encuentro y diálogo, manteniendo vivos los vínculos familiares”, señala el texto. Para el embajador, esa lógica se aplica también a la relación bilateral: la gastronomía permite tener mayor cercanía a una tradición aunque la distancia geográfica sea grande.
Hospitalidad y turismo
Como anfitriones, los georgianos sienten una responsabilidad especial por hacer sentir único a cada invitado, a quien llaman “enviado de Dios”. El saludo tradicional lo refleja: Gamarjoba (Hola) se responde con: Gagimarjos, que significa literalmente “Deseo que ganes” o “Que salgas victorioso”. En un país situado en la encrucijada de civilizaciones e imperios, “ganar” a menudo significó alcanzar la paz, adquiriendo hoy un mayor significado.
Esa vocación de recibir al otro explica por qué el turismo es uno de los sectores económicos más importantes de Georgia. Con casi 4 millones de habitantes, recibe entre 8 y 9 millones de viajeros al año. La oferta se apoya en el turismo experiencial, agroturismo, enoturismo, ecoturismo y turismo de aventura, además del alojamiento patrimonial.
“Creemos que el viaje por Georgia debe ser una experiencia única, llena de emociones indescriptibles que perduran toda la vida”, afirmó Khandamishvili. Y cerró con un proverbio georgiano que resume el espíritu del libro y del evento: “Es mejor verlo una vez que oírlo cien veces”. Por eso, invitó a los presentes a viajar a Georgia para descubrir su cultura milenaria, su vino excepcional, su música, sus bailes y la calidez de su gente.
La presentación en la Legislatura porteña no solo celebró el lanzamiento de un libro. Confirmó que, en tiempos donde los vínculos entre naciones se construyen desde múltiples frentes, la cocina también puede ser diplomacia.