Mendoza, en Argentina, y Suiza elaboran vinos con perfiles muy dispares; sin embargo, comparten la presencia de la montaña, una cultura de innovación constante y un prestigio considerable en el mundo de la viticultura.
Mientras Argentina afina su preparación para enfrentarse a Suiza en el Mundial 2026, se esconde otro duelo menos ruidoso pero igual de significativo: el que mantienen Mendoza y los Alpes suizos, responsables de algunos de los vinos de montaña más reconocidos del mundo, y que comparten retos, escenarios y métodos de trabajo que sorprenden por sus similitudes.
Una misma pasión por el vino
La cordillera de los Andes y los Alpes parecen mundos distintos, pero influyen de igual manera en la viticultura. En Mendoza, las aguas del deshielo permiten fabricar vino en un entorno desértico. En Suiza, las pendientes expuestas al sol junto a lagos como el Lemán maximizan la captación de la luz y el calor.
Otra diferencia reside en la magnitud: Mendoza supera las 140.000 hectáreas de viñedos, y Suiza ronda las 15.000 hectáreas. A pesar de ello, ambos territorios han optado por elaborar vinos de alta calidad adaptados a las particularidades que impone la montaña.
Malbec, Chasselas y dos modelos de éxito
Si en Mendoza hay un símbolo representativo, ese es el Malbec. Por su parte, en Suiza predomina la variedad Chasselas, una uva blanca que rara vez sale del país puesto que la mayor parte de su producción se consume en el mercado doméstico.
Las diferencias también se observan en el paisaje. En Mendoza predominan grandes bodegas como Catena Zapata, Zuccardi y Salentein, rodeadas por la cordillera. En Suiza abundan pequeños viñedos familiares asentados en terrazas, como las del Paisaje Vitivinícola de Lavaux, reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Mientras Mendoza abrió camino en el mercado internacional con el Malbec, Suiza convirtió la producción artesanal y de proximidad en una de sus grandes fortalezas.
Lo que también comparten Messi, Mendoza y Suiza
Cuando Messi se mida con Suiza en el Mundial 2026, el desenlace dependerá de quién aproveche mejor cada oportunidad. En el vino ocurre algo similar: Mendoza y Suiza logran triunfar con enfoques diferentes, pero ambos apuestan por la planificación, la calidad y el respeto por el territorio.
Esa filosofía también se ve reflejada en la arquitectura. Bodegas mendocinas como Salentein o Piedra Infinita fueron concebidas para integrarse al paisaje andino, mientras que en Suiza muchas bodegas se edifican parcialmente bajo tierra para conservar la temperatura de forma natural y reducir su impacto visual. En ambos casos, la mejor jugada consiste en trabajar con la montaña y no contra ella.
FUENTE: Organización Internacional de la Viña y el Vino. Instituto Nacional de Vitivinicultura. Wines of Argentina. Swiss Wine Promotion. UNESCO (Paisaje vitivinícola de Lavaux). Agroscope.